¿Pecho o biberón?

1. Leche mejor y más digerible

La Organización Mundial de la Salud afirma que la leche materna cubre todas las necesidades de alimentación durante los primeros seis meses de vida del bebé. Los pediatras coinciden; la leche materna es la mejor. Por mucho que avance la tecnología, siempre va a haber cosas que la naturaleza sabe hacer mejor.

La lactancia proporciona al bebé las cantidades ideales de azúcar, proteínas, vitaminas y hasta cien ingredientes más que la leche de vaca. Además, la leche materna favorece la absorción del calcio y contiene menos sodio. Todo esto hace que sea mucho más fácil de digerir para el bebé, cuyo aparato digestivo todavía no está bien desarrollado.

Por otra parte, las posibilidades de tener episodios de gases, estreñimiento y diarrea se ven significativamente reducidas gracias al efecto laxante natural de la leche materna.

2. Menor riesgo de alergias y de enfermedades infecciosas

Los efectos preventivos de la lactancia natural contra las alergias han sido comprobados por numerosos estudios. Por lo general, los recién nacidos casi nunca presentan alergia a la leche materna, mientras que un 10% de los niños resultan alérgicos a la leche de vaca.

Cada vez que el niño es amamantado le está llegando una abundante dosis de anticuerpos que le ayudan a protegerse frente a numerosas enfermedades infecciosas. Como consecuencia de esto, tendrán menos posibilidades de desarrollar infecciones de oído, como la otitis, infecciones respiratorias, como la neumonía y la bronquiolitis, infecciones en las vías urinarias, y un largo etcétera.

3.  Menor riesgo de obesidad

Los bebés amamantados tienen un riesgo mucho menor de padecer obesidad en una etapa posterior de su vida; además la lactancia favorece que se desarrolle un metabolismo más eficaz contra los niveles excesivos de colesterol.

4. Posible reducción del riesgo de cáncer

Algunos expertos aseguran que amamantar a tu hijo durante doce meses reduce en un 30% el riesgo de padecer cáncer de mama durante el periodo premenopáusico (periodo que representa un cuarto de los casos de cáncer de mama). Asimismo, dar de mamar durante al menos dos meses reduce en un 25% el riesgo de cáncer de ovarios.

5. Comodidad y ahorro

La leche materna siempre está preparada, a la temperatura ideal y lista para tomar; a cualquier hora y en cualquier sitio. Como alimento cómodo y barato no tiene comparación.

6.  Recuperación más rápida de la madre

La lactancia contribuye a que la matriz de la madre recupere su tamaño normal de antes del embarazo, lo que a su vez reduce más rápidamente las pérdidas vaginales posteriores al  parto. También ayuda a perder los kilos ganados durante el periodo de gestación, quemando unas 500 calorías por día de lactancia.

7. Satisfacción más duradera

El niño digiere tan rápido la leche materna que muchos lactantes subsisten permanentemente en el pecho materno. Por el  contrario, los preparados de leche de vaca permanecen más tiempo en el estómago del bebé, lo que hace que mantengan la sensación de saciedad durante unas tres o cuatro horas aproximadamente.

8. Mayor control de la cantidad de alimento

Con el biberón la madre puede controlar perfectamente qué cantidad de leche está tomando su hijo. Tarea que se complica con la crianza natural; en este caso habría que pesar al niño justo antes e inmediatamente después de la toma. Aunque si el niño está sano y no tiene nigún problema esto no debería preocuparnos pues su alimentación siempre debe ser a demanda. Un niño alimentado al pecho decide él mismo la cantidad que toma en cada momento.

Ventajas del biberón para la madre

1. Mayor libertad
 
Uno de los motivos más habituales para decantarse por el biberón es la libertad que éste da a  la madre, desde ausentarse una noche para salir a cenar hasta volver al trabajo.

Además, con el biberón puedes alimentar a tu bebé en cualquier sitio, sin necesidad de llamar la atención ni desprenderte de ninguna prenda.

2. Mayor participación del resto de la familia

Hay muchos padres que quieren participar más activamente en la crianza de sus hijos y darles el biberón es una buena manera de reforzar el vínculo de unión padre-hijo. Así como para el resto de los hermanos, que también pueden participar en la alimentación del nuevo bebé de la familia.

3. Dieta y costumbres

La madre que da el pecho tiene que seguir teniendo un especial cuidado con su alimentación. No debería fumar, ni tomar bebidas alcohólicas. Mientras que la madre que da el biberón puede volver a retomar su dieta y costumbres habituales.

4. Relaciones de pareja

Después del periodo de gestación, la mayoría de las parejas están deseando retomar la vida sexual que tenían antes del embarazo. Al dar el biberón no tienes restricciones en cuanto al uso de métodos anticonceptivos y la normalidad sexual sólo se ve interrumpida cuando el bebé rompe a llorar en mitad de la noche.

Durante la lactancia, las hormonas de la mujer siguen sufriendo cambios que pueden interferir en las relaciones sexuales de la pareja; tales como pezones excesivamente sensibles, pechos que dejan escapar leche o vaginas secas.

Llega un bebé: ¿crisis en la pareja?

La llegada de un bebé, como casi todo lo que sucede en la vida, poco o nada tiene que ver con lo que el marketing nos trasmite. No todas las estampas del día a día son tan idílicas cuando aparece el nuevo miembro de la familia, también suceden los problemas que, con calma, paciencia, amor pero, sobre todo con tiempo, se terminan por superar. Los bebés son muy tiernos cuando están apaciblemente dormidos pero también lloran, a veces tanto que logran desestabilizar la paciencia del más tranquilo. Los bebés huelen maravillosamente bien pero para ello habrá que cambiar el pañal unas diez o doce veces al día, a veces con un sueño bastante profundo (sus necesidades fisiológicas no entienden de madrugadas). Las fotos de las revistas no reflejan la verdadera identidad del día a día.

El caos aparece en el hospital. Muchas mujeres, especialmente las primerizas, interiorizan una idea de parto, así como de rostro de bebé, que no cumple con sus expectativas. Un parto difícil o que incluso que acaba en una cesárea pueden traer los primeros «desengaños», las primeras tomas de contacto con la realidad. Una mujer recién parida es, generalmente, una mujer dichosa pero también con un vaivén de hormonas que hacen que vea el mundo de otra manera. Visitas largas con comentarios inoportunos y, sobre todo de gente con la que no tiene la suficiente confianza, hacen que nada más convertirse en madre vea que las cosas no son como las había soñado. Y eso, si no se atiende, pasa factura.

Pero queda lo más importante: llegar a casa. Especialmente para quienes son padres por primera vez todo son dudas; no estar seguros de si el bebé está bien alimentado (especialmente si toma pecho porque no se sabe la cantidad, sólo se sabe si gana peso), no saber el motivo de su llanto (muchos bebés lloran las últimas horas de la tarde por los cólicos del lactante), miedos a no saber hacerlo bien, temor a que se nos caiga, a no saber ejercer, en definitiva, a no ser buenos padres. Todo esto, indudablemente, tiene consecuencias en una pareja. Positivas y a veces, negativas. Pero todo es subsanable.

Hemos hablado con Marina González, experta psicóloga clínica de Cinteco, que nos habla de cambios: «La llegada de un bebé supone muchos cambios para la pareja, cambios a los que se tienen que ir adaptando y como cualquier proceso de adaptación lleva tiempo y no está exento de estrés. Estos niveles de estrés, unidos al cansancio, la inseguridad a la hora de manejar las dificultades, las expectativas que se tienen hacia el otro y otros factores… pueden afectar en la irritabilidad, el nerviosismo, la frustración… y provocar ciertas tensiones en la pareja».

Como en todo en la vida, es importante saber gestionar las crisis que surgen es por ello que son tan importantes «las condiciones previas de la relación de pareja, que sea una relación solida, estable, con buenos niveles de comunicación y por supuesto de afectividad, y que dispongan de habilidades adecuadas para resolver problemas» todas esas cosas fomentan una buena salud en la pareja a pesar de las dificultades. Es decir que si una pareja ya se llevaba mal o muy mal antes de la llegada de un bebé, el nacimiento no sólo no va a cambiar las cosas para bien sino que las empeorará.

Niveles de comunicación: es muy importante saber expresar los sentimientos que uno tiene sin caer en la acusación al otro. Utilizar frases tipo «yo sé que tú haces esto con el mayor de los cariños pero lo cierto es que yo lo percibo como…y no me gusta porque me hace sentir así» Todo ello, claro está, siempre con un tono amable y tranquilo y, si es posible, en el marco de una conversación apacible, es decir, no aprovechar un llanto incontrolable del bebé para expresarse sino un momento de paz, que también los hay, para decir las cosas. De nuevo la psicóloga nos aconseja: «Disponer de estas habilidades no tiene que ver necesariamente con la edad, hay mucha gente joven que dispone de estos recursos, aunque es cierto que la experiencia vital ayuda a tener recursos para afrontar situaciones que pueden generar estrés». Las parejas que hablan, que se escuchan, que se comunican diciendo lo que sienten, tienen altas probabilidades de que todo salga bien, de que se solucionen las cosas.

Entender las necesidades del otro. No sólo la mujer sufre cambios, el hombre también cambia su perspectiva vital. Muchos hombres, con la llegada de un hijo, adquieren un mayor grado de responsabilidad a la hora de afrontar su vida laboral y comienzan a sentir miedos hasta ese momento desconocidos.

Muchos optarán por no decir nada a su pareja para evitar preocupaciones pero eso no significa que no estén durante una primera etapa muy absortos en esa nueva tesitura de vida y de trabajo. Por supuesto, también sienten celos cuando llega un bebé. Aquella mujer que siempre estaba pendiente de él ahora casi nunca está disponible para llevar una conversación de más de cinco minutos. La mayoría de las mujeres (con toda la razón es verdad) no reparamos en esa ausencia que tienen porque estamos muy atareadas con todo lo que se nos ha venido encima; dar el pecho, cambiar los pañales, ahora tiene un gas, ahora no sé por qué llora…cualquier mujer que sea madre entenderá que, no se sabe muy bien por qué, pero cuando tienes un recién nacido en casa, a pesar de que duermen casi todo el día, apenas paras un minuto. Todas esas circunstancias pueden hacer que nos olvidemos de nuestra pareja «momentáneamente» algo que en la medida de lo posible deberíamos evitar aunque no siempre es fácil.

Las hormonas, esas «amigas traicioneras». Las mujeres convivimos con ellas toda la vida pero quizás hay tres etapas en la vida de una mujer que son especialmente complicadas; adolescencia, embarazo/postparto y menopausia. Centrándonos en el tema que nos ocupa, el postparto, las hormonas pueden jugar una malísima pasada que pueden hacer tambalear los cimientos del matrimonio más estable: llantos injustificados, creer que estás sola, que han dejado de quererte, sentirte fea, distinta a quién eras y algo que ayuda poco, dormir a trompicones, hacen el resto. Mucho amor, mucho cariño, mucho apoyo moral con frases tipo, «qué buena madre eres», «qué bien lo estás haciendo», «qué orgullos estoy de ti» hacen más que una terapia con el mismísimo Freud. Muchos abrazos y una clara demostración de que se está ahí para apoyarla en todo hacen el resto.

La importancia de ayudar: Muchos hombres, por temor a no hacerlo bien o por cultura, participan poco o nada en la crianza de sus hijos hasta que estos no caminan. El hecho de que sea la mujer la que siempre se haya dedicado a la alimentación de la cría por dar el pecho hace que, generación tras generación, se siga asimilando ese concepto. Aunque es cierto que poco a poco las cosas han ido cambiando, lo cierto es que muchos padres se acercan poco al recién nacido. Es verdad que son las madres las que dan el pecho pero hay un montón de cosas que ellos pueden y deben hacer, ya no sólo para aliviar a la madre que necesita descansar sino también para establecer vínculos con el bebé. Por ejemplo, quitar los gases. A muchos padres se les da bien esta tarea porque es un rato al día y porque sus manos grandes suelen dar mucha protección al bebé. Pero no sólo eso, cambiar los pañales no tiene que ser un acto exclusivo de la mamá, de hecho, salvo dar el pecho, ninguno lo es. Cuando un hombre llega a casa cansado del trabajo no se encuentra con una mujer que no ha hecho nada precisamente en toda la jornada.